Mientras en el comedor crecen brotes, el departamento se llena de maleza.
Aunque ya era tarde, en la casa de la familia Villegas, todos estaban en movimiento, el comedor había sido reformado, los gemelos movieron la mesa a una esquina, incluso la impresora ya estaba instalada, ahora un escritorio ocupaba el lugar central, ahí trabajaría sus diseños. Mercedes llegó con una bandeja de sándwiches y una jarra de jugo, Valeria revisaba las redes sociales, se necesitaban clientes. Enrique cotizaba herramientas y equipamiento en Internet, mientras Edmundo ajustaba las nuevas lámparas, su bebé necesitaba la mejor iluminación para diseñar sus sueños.
-De verdad, amiga, no sería molestia- le volvió a decir Valeria- mi papá tiene un ático en pleno centro, sería un lugar ideal para tu oficina y en este momento está desocupado.
-No, Vale, no insistas. Si este negocio resulta, cuando tenga una buena cantidad de clientes, me puedo permitir una oficina, pero mientras tanto, estaré trabajando desde aquí. No tiene sentido montar una oficina sin clientes.
-Como tu digas jefa -ya Valeria conocía a su amiga, era muy tozuda, tal como ella, sonriendo agregó -en redes sociales encontré varios potenciales clientes: dos condominios que quieren remodelar sus áreas verdes, el restaurante la Piccola Italiana está abriendo un nuevo local y el hotel Vista al Mar se está expandiendo, también encontré varias construcciones nuevas en la región: un hospital en Peña Blanca, un nuevo condominio en Valparaíso, no sé con qué Constructora, pero la de mi familia no, podríamos acercarnos y presentar una propuesta.
-Nada de licitaciones estatales por ahora Vicky, olvídate del Hospital, la burocracia te va a comer viva- dijo Enrique -además, en mi experiencia en el sector público, usualmente se pide que las empresas tengan años de antigüedad. Vamos por el hotel.
-¡Nosotros también queremos ayudar! - dijeron los gemelos -podemos hacer tu página web. Ya descargamos un app para eso. Necesitamos fotos.
-Fotos- reflexiono Victoria -solo tengo algunas, de mis trabajos en la Universidad.
-Bueno, entonces a trabajar- le dijo Edmundo- empieza con nuestro jardín, también he pensado en la cabaña en Quintay, la casita está en óptimas condiciones, pero hace mucho que no hacemos nada en el bosquecito, está muy descuidado; a lo mejor podríamos cortar algunos árboles para darte espacio…
-No, no, no - dijo Victoria acelerada -nada de cortar árboles, gracias papá, había olvidado la cabaña, será genial, ya estoy pensando una idea: podar y modelar los árboles, resaltando su estructura y vejez, ¡quedará genial!
-Además -agregó Mercedes- la casa de la junta de vecinos de nuestro barrio tiene una pequeña plaza de juegos, pero nada verde ¿qué opinas?
-Sí, mamá- Victoria estaba pletórica, con el corazón lleno del amor y apoyo de su familia, miles de ideas explotaban en su mente, tenía que organizarse para concretar sus planes, gracias a Dios que contaba con un buen capital, no solo sus ahorros, también una pequeña suma de dinero que su abuelo les heredó y que ella tenía en el banco en fondos de inversión desde hace mucho tiempo.
En ese momento, Alejandro en su oficina, llamó con impaciencia a su secretaria:
-¡Margarita! ¿Dónde están los estados de cuenta del proyecto Montes? - pero nadie contestó-¡Margarita! - gritó finalmente. Salió de su oficina, el escritorio de su secretaria estaba vacío, miró más allá, no había nadie más. Recién entonces miró su reloj: 20:30 hrs.
¡Qué diablos! Cómo pasó tan rápida la tarde, mañana sería otro día, mejor volver al departamento, y dormir, ya había contratado a un nuevo asistente Joaquín Vilches, pero no podía mentirse, no hacía ni la mitad del trabajo que Victoria; y aunque Sonia había empezado a trabajar en la Constructora, solo dos o tres veces a la semana, con suerte, se aparecía en las oficinas, buscaba inspiración en otros lugares, pero eso era lo que fascinaba a Alejandro, su espíritu libre. Hoy era noche de chicas, Sonia y sus amigas de la universidad iban a uno de los viejos bares de sus tiempos de estudiantes universitarias. Mejor así, ni energía tenía para comer algo, al llegar al departamento se fue directo a la cama y en cuanto su cabeza llegó a la almohada, cayó en un profundo sueño.
Despertó confundido, música, risas, gente conversando, no podía ser que sus vecinos tuvieran una fiesta, en medio de la semana, se sentó en la cama y revisó su celular, las 2:30 de la madrugada, pero mañana era día laboral, esto no puede estar sucediendo, se dijo, y entonces entendió, el ruido venía de su propio departamento, así tal cual, se levantó de la cama, y sí, ahí, en su sala de estar, estaba llena de gente que ni conocía, Sonia y sus amigas bailaban sobre una mesa mientras gente desconocida salía de su cocina con botellas de vino, su fabulosa colección, que tanto tiempo y dinero había invertido, uno de esos energúmenos tomaba su Tabali, ese Chardonnay del 2023, que guardaba con tanto celo, para una ocasión, y estaba tomando directo de la botella.
Sin siquiera pensarlo, apagó la música, corrió a detener a los aprovechados esos que estaban tan borrachos que ni siquiera podían abrir las botellas, otro salió de la cocina con una fuente llena de fideos, de dónde salieron esos fideos, ni idea, a él ni le gustaban. La cocina, su cocina, la que Victoria siempre mantenía impecable, ahora tenía salsa de tomate en el suelo y las paredes. Había una olla encima de la mesa, una olla, toda pegoteada.
-Sonia- gritó finalmente- detén a estos marabuntas. La fiesta se terminó, se pueden retirar. ¡De inmediato!
-Alejandro, ¿qué pasa? Lo estamos pasando genial y sales tú con un humor de perros -le dijo Sonia, claramente disgustada, con sus brazos en jarra.
Mientras ellos hablaban, todos los invitados, incluyendo a las amigas de Sonia, se hicieron humo.
-Sonia, no puedes hacer una fiesta así sin consultarme. - Alejandro trataba de controlar su disgusto apretando con sus dedos el entrecejo. La famosa arruga había vuelto.
-¡Oh! ¡Así es que te tengo que pedir permiso! Te estas comportando como un viejo cascarrabias. ¡No pienso dormir contigo esta noche!- le dijo, dándose la vuelta y entrando a la habitación de invitados, un golpe seco de la puerta lo hizo sacudirse, rogaba que todo esto fuera nada más que un mal sueño.
Desde que Sonia vivía con él, compartían habitación y como Sonia tenía tanta ropa, la habitación de invitados se había convertido en el vestidor de ella. Alejandro sabía que no podría dormir ahí, sobre la cama aún habían acumulado cajas y cajas de ropa, zapatos y un sin fin de accesorios.
Con los hombros caídos, rendido por el cansancio se acercó a la puerta, con suavidad golpeaba y le rogaba -Vamos cariño, no te enojes, estoy cansado, estaba durmiendo cuando llegaste con tus amigos y me alteré mucho, no debí gritarles.
Sonia abrió la puerta- solo porque me llamaste cariño, estoy pensando en disculparte. Ella lo abrazó suavemente, rodeando con sus brazos su cintura, a él le encantaba tenerla así, apretada contra su cuerpo.
-Vamos, es tarde, tengo que dormir, mañana tengo un día intenso. Estamos terminando el edificio de departamentos Polanco, nos falta solo la decoración del primer piso: conserjería, las áreas comunes del gimnasio, sala de trabajo y el quincho.
-No te preocupes, mañana voy contigo, he estado trabajando en algunas ideas, el estilo coquette quedará genial en tu nuevo edificio.
Alejandro no la escucho, su mente ya estaba en volver a la cama, casi podía sentir su almohada, salió de su ensueño al escuchar la campanita de su teléfono, tenía un mail:
De: Administración Edificio Recreo.
Para: Sr. Alejandro Pérez (Depto. 1301)
Asunto: Notificación de multa.
Estimado copropietario:
De acuerdo a los estatutos de convivencia que rigen a nuestro edificio, le informamos que se ha cursado una multa de 7 U.T.M. que será cargada a sus gastos comunes el mes siguiente.
La causa: música a alto volumen, ruidos excesivos y alteración del orden público, hoy a las 02,30 hrs.
Se le solicita que tenga en consideración el descanso de sus vecinos.
Atte.
La Administración.