Mundo de ficçãoIniciar sessãoEn seis meses la vida de Victoria había dado un vuelco total, el cambio sustancial se dio gracias al reportaje de la revista DecoHogar, las fotografías de Quintay quedaron increíbles, de fondo el mar y el pequeño bosque de cipreses cobraba vida ahora, con un cubresuelo de lamium y hortensias azules, que debido a la acidez de la tierra destacaban en un azul vibrante, en conjunto te hacían sentir en un cuento de hadas.
Una semana después, recibió un mail de la Constructora Aysén, que textual decía: ‘te haremos una oferta que no podrás rechazar’, ¿que era esto? ¿Una mala copia del Padrino? En fin, el día de la cita Valeria, ahora su socia, la acompañó. Los dueños de la Constructora: Andrés Céspedes y Fabián Montenegro, eran hombres curtidos en el trabajo duro, habían montado su constructora desde cero, apreciaban el rigor y el esfuerzo, pero se autodefinían como geeks, evidencia era la oficina que compartían: una pantalla gigante, varias consolas de video juegos, toda una estantería de cómics y en una esquina: una cesta de basketball. No eran como Victoria se los había imaginado, además eran extremadamente informales: vestían jeans y camisas de cuadros, todo un cambio al compararlos con Alejandro. -Bienvenidas a nuestra empresa- les dijo Fabián. -Señorita Villegas, puedo llamarte Victoria, ¿cierto? - le dijo Andrés, con cierta coquetería- con mi socio Fabián quedamos fascinados con tu trabajo en Quintay. -De hecho- agregó Fabián- nos gustaría que nos invitaras a conocer el lugar. -Sí, claro- les dijo Victoria, el motivo de la reunión no era claro, ir de paseo no ameritaba esto. -¡Vamos! pero primero a los negocios- le explicó Fabián, comprendía que Victoria estaba algo confundida- después de una extenuante licitación, nos hemos hecho del proyecto Bandera. ¿Conocen el edificio? -Claro que sí- intervino Valeria, se sentía un poco incómoda, casi como que ese par la estaban ignorando, ¿podría ser a propósito? -Es un edificio antiguo, de estilo victoriano, ha estado abandonado, creo que por más de 50 años- agregó Valeria. -Exacto- dijo Andrés- el Estado lícito la restauración y a pesar de trampas y triquiñuelas de nuestros rivales. ¡GANAMOS! Valeria se sonrojó, a pesar de no mantener una relación cercana a su hermano, asumió que Alejandro había intentado algún truquillo en la licitación. -Eeeehhh… Me gustaría aclarar que… mi hermano no solo es la cara visible de la empresa, además todas las decisiones las toma él. Tanto mi padre como yo no tenemos participación en la constructora- se sentía tan avergonzada, como Alejandro había caído tan bajo. -No problema- le dijo Fabián con un guiño, bastó eso para relajar los ánimos en la reunión. Eran realmente extraordinarios, sin resentimientos hacia ella, lo que más la asombraba: con solo su talento y esfuerzo, se habían hecho un nombre en el mercado de las construcciones, sin lazos familiares, ni amistades de los clubes re privados, habían obtenido ese contrato millonario, era cierto, la licitación había sido cruenta, no faltaron las jugadas sucias de más de uno de los competidores, pero al final primó la calidad de su propuesta. -Cuando vimos la revista DecoHogar, lo supimos, te necesitamos en nuestro equipo. -Nuestro plan es mantener el estilo del edificio, agregando la modernidad de hoy en día: piscina, gimnasio y áreas comunes. -El edificio cuenta con 3 patios interiores, queremos que diseñes nuestros jardines. -También tenemos planificado un invernadero, en el ala sur del tercer piso hay una cúpula de vitrales, pensamos que quedaría genial. -¿Qué opinas? Hemos hablado sin cesar, pero comprenderás que estamos re entusiasmados, el tiempo apremia y nos gustaría contratarte, que seas parte de nuestra constructora. La mente de Victoria iba a mil, estaba confundida. -Me siento profundamente halagada- les dijo- me encanta el proyecto, es realmente soñado, desde niña he pasado incontables veces por fuera del edificio y siempre pensé que era una pena no restaurarlo. Pero ya estaba decidida, no daría pie atrás: -Me encantaría trabajar con ustedes, pero... voy a emprender mi propia empresa. Entiendo que trabajar para ustedes sería mucho más seguro para mí, desde una perspectiva laboral, pero... en estos meses, he aprendido a valorar mi libertad laboral. Fabián y Andrés la miraron con mayor interés y solo una mirada entre ellos, se notaba que compartían una profunda amistad, fue Fabián quien hablo: -No te puedes imaginar, nuestra admiración por ti aumentó exponencialmente. -Te podemos contratar por proyectos, así mantendrás tu independencia y puedes trabajar con otros clientes. Valeria y Victoria se miraron, también tenían su propio código, estaban de acuerdo: -Aceptamos- dijeron las dos. -Excelente!- respondieron a coro Fabián y Andrés. Los cuatro rieron, ya podían intuir que el trabajo entre ellos sería muy agradable. -Y no te quedarás corta de proyectos con nosotros- agregó Fabián. -Exacto- continuó Andrés -Por la entrevista que te hicieron, nos dimos cuenta que tienes mucho interés por los proyectos sociales, a nosotros también nos interesaría participar. -De hecho, queremos renovar la escuela donde estudiamos, en Aysén, quizás podrías colaborar con nosotros también en ese lugar. Con ese contrato, que le aseguraba unos socios ya formales y estables, y una buena cantidad de proyectos en curso, más potenciales clientes, decidió que era momento de establecer una oficina, misteriosamente el ático de los Pérez seguía desocupado, y después de tanto insistir, Victoria cedió, ‘te lo debemos’ le dijo Valeria, aceptó, insistiendo que el arriendo debía ser de acuerdo al valor del mercado. Y aquí estaba, con toda su familia, decorando su nueva oficina, era un espacio amplio, de planta abierta, sin divisiones. En la entrada estaba el escritorio para quien sería su recepcionista o secretaria, aún no definía el perfil que necesitaba; dos escritorios más estaban en el fondo, uno para ella y el otro para Valeria, su directora de marketing. A la derecha una pequeña kitchenette, Edmundo estaba instalando la máquina de cafés, mientras Enrique conectaba el pequeño refrigerador, ya Mercedes había traído una ración de sus famosos muffins de arándanos. A la derecha, una sala de estar, los gemelos estaban acomodando los cojines en los sofás, esa zona estaba pensada para las reuniones con los clientes y también para sus reuniones de equipo. Faltaba colocar las fotos, obvio que las de Quintay estaban incluidas, pero también las de otros trabajos, como la plaza de juegos de su barrio y los jardines del Restaurante Piccola Italiana. Aún quedaba mucho que arreglar, cuando sonó el timbre ¿Quién podía ser? Si aún no habían citado a nadie. -Yo voy- dijo Valeria- ya terminé de acomodar mis cosas. -Ay, señorita Pérez- dijo Margarita, los colores subieron a su rostro, sabía que eran amigas, pero no esperaba encontrarse ese mismo día con la hermana de su jefe, más bien, ex jefe. Valeria podía sospechar a qué se debía la incomodidad de Margarita, qué mentecato de hermano tengo, pensó afligida. -Pasa Margarita, pasa, ponte cómoda, tenemos unos estupendos sofás que queremos estrenar. Victoria salió al paso, saludándola- ¡Hola Margarita! ¿Cómo has estado? Tanto tiempo sin verte, ¿qué te trae por acá? Y hasta ahí llegó toda la entereza que había logrado juntar, había estado más de una hora afuera del edificio, ya era verano, así es que el calor la tenía agotada, pero dada su situación no sabía a quién más recurrir. -Don Alejandro me despidió- soltó entre lágrimas- sin carta de recomendación. -Le juro, señorita Victoria que no hice nada malo, o bueno, ni tan malo…- ya sentada en uno de los sofás, se apretaba las manos con frenesí- me escuchó en la sala del café, estaba diciéndole a su nuevo asistente, Juan Antonio, que tuviera cuidado con la señorita Sonia, ella llega directo a su oficina y cambia su agenda, todo para que la acompañe a comer, a una galería o un paseo por los parques, ya se ha perdido varias reuniones y al final quien paga el pato es su asistente, ya van 5 desde que usted se fue. Los gemelos llegaron con una cajita de pañuelos desechables. -Muchas gracias- les dijo, entre lágrimas, pero con una pequeña sonrisa, era agradable ver a dos chicos idénticos tan gentiles con ella, que se sentía en la mayor de sus desgracias- qué bendición de chicos, su madre debe estar muy orgullosa de ustedes. -Eso es totalmente cierto- dijeron casi al unísono, de inmediato abrazaron a Mercedes- somos su mayor orgullo, le dijeron inflando el pecho. ¿Podía Mercedes decir algo? Sólo poner los ojos en blanco, que fortaleza necesitaba con ese par de pillos. -Bueno, Margarita, te voy a hacer una oferta- le dijo Victoria- espero que no la rechaces, te conozco desde hace años, eres una mujer muy responsable y eficiente. -Con una paciencia infinita- agregó Valeria. -Todavía no definimos las labores de nuestra secretaria, pero estoy segura que te gustara trabajar con nosotras- le explicó Victoria- eso sí que acá el código de vestimenta es casual, incluso Valeria ya se adaptó. Mírala. En tanto Valeria comenzó a lucir su enterito amarillo chillón, que acompañaba con un collar de resinas azul eléctrico, caminando como si estuviera en una pasarela. Todos se reían de la exagerada presentación de Valeria. -Me encanta- dijo Margarita- también me gusta su nuevo look señorita Victoria. -Sí, dejé atrás el gris- sonrió, ya no vestía para agradar a nadie. Ahora su ropa, sus decisiones eran de ella, y para ella.






