Desvelada.
Eran las tres de la madrugada, Bea apenas había logrado dormir un par de horas; a su lado, Gabriel dormía profundamente. Ella se apegó a su cuerpo, buscando el calor que su esposo le daba, pero además anhelaba poder tener la tranquilidad de Gabriel, poder creer que todo estaría bien.
Los recuerdos de su infancia la invadieron. Desde pequeño Benito había sido muy tímido, recordaba cómo su hermano, en el colegio, se pegaba a ella y se rehusaba a jugar con sus compañeros o cómo Benito no quería so