La ciudad había despertado con sed de sangre, y los titulares de la mañana eran los dientes afilados que buscaban desgarrar la carne de cualquiera que mostrara debilidad en el coliseo público en el que se había convertido la vida de Isadora, porque apenas salió el sol los quioscos y las pantallas de los teléfonos de millones de personas se iluminaron con la grabación filtrada de Ignacio Castellanos ofreciendo cinco millones de dólares por un silencio que no tenía precio.
Isadora observaba las no