El apartamento olía diferente.
Isadora se detuvo en el umbral, llave todavía en la cerradura, intentando identificar qué había cambiado. No era solo el aroma a lavanda que Sofía había comprado (flores frescas en cada superficie disponible, su forma de procesar el duelo). No era el café recién hecho que Dante preparaba en la cocina, el sonido familiar del agua hirviendo como promesa de normalidad.
Era la ausencia.
Ausencia de miedo. De tensión cristalizada en cada músculo esperando el próximo at