Tres meses después del veredicto, la Fundación Lucía Sandoval tenía estructura.
Isadora observaba vigas de acero cortando el cielo de abril mientras obreros soldaban juntas que sostendrían techos donde familias rotas aprenderían a sanar. El ruido era ensordecedor, música industrial que ahogaba pensamientos, y por eso venía cada mañana antes de ir a la oficina.
Aquí no había espacio para fantasmas.
—Ala norte completa en dos semanas, el arquitecto dice que vamos adelantados, no atrasados como te