El primer aliado inesperado
El puño del oficial de policía golpeó la puerta reforzada del piso doce con una violencia que hizo vibrar las ventanas, un sonido seco y autoritario que resonaba en la sala de seguridad como el tambor de una ejecución inminente, mientras Isadora se mantenía de pie en el centro de la habitación, alisando las arrugas invisibles de su vestido con manos que se negaban a temblar, preparándose mentalmente para la humillación de ser arrastrada fuera de su propio edificio bajo la mirada de las cámaras q