La reunión con Meridian fue un éxito rotundo, por supuesto, porque Isadora había previsto cada objeción, cada duda técnica, cada laguna legal, y había preparado a Ignacio con tarjetas de respuesta que él leyó textualmente creyendo que eran ideas suyas, recibiendo los aplausos y los apretones de mano mientras Isadora permanecía de pie junto a la puerta, sosteniendo las carpetas adicionales y sirviendo agua como una camarera glorificada.Cuando los socios japoneses se fueron, inclinándose respetuosamente ante el "genio financiero" de Ignacio Castellanos, la oficina estalló en una celebración prematura, con Ignacio abriendo una botella de champán de mil dólares que manchó la alfombra persa, una mancha que Isadora sabía que tendría que limpiar ella misma más tarde.—¡Lo logramos! —gritó Ignacio, con el rostro enrojecido por la euforia y el alcohol—. ¡Cincuenta millones de dólares en inversión directa! Regina, mi amor, ve escogiendo la casa en la playa, porque este año nos vamos a superar.
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