El sol de la mañana siguiente no salió, o al menos eso pareció en la ciudad, porque el cielo estaba cubierto por nubes de plomo que amenazaban tormenta, un reflejo perfecto del caos que se había desatado en los titulares de todos los periódicos, noticieros y redes sociales donde la imagen de Regina Castellanos de rodillas ante un hombre con el rostro quemado se reproducía en un bucle infinito de humillación pública.
Isadora no había dormido, la adrenalina de la noche anterior seguía corriendo po