El amanecer me encontró en la cocina, incapaz de dormir después del mensaje de Carmen. Sebastián apareció veinte minutos después, el cabello revuelto, los ojos todavía pesados de un sueño que claramente tampoco había sido reparador.
—No dormiste —dijo, sirviéndose café.
—¿Cómo sabes que es niño?
La pregunta salió sin filtro, la ansiedad de toda la noche condensada en seis palabras.
Sebastián se detuvo a medio camino de la cafetera.
—¿Qué?
Le mostré el mensaje de Carmen. Observé cómo su expresió