Las tres cuadras se sintieron como kilómetros.
Chapultepec a mediodía entre semana era un paisaje de oficinistas almorzando en bancas, niñeras empujando carriolas, corredores solitarios. Gente normal viviendo vidas normales, ajenos a que una madre caminaba hacia su posible ejecución.
Las coordenadas me llevaron hacia la sección boscosa, donde los árboles se volvían más densos y los caminos pavimentados cedían a senderos de tierra. El ruido de la ciudad se amortiguaba aquí, reemplazado por el ca