El tiempo se congeló durante una fracción de segundo. Los hombres armados. El concreto frío bajo mis pies. El USB apretado en mi puño como si fuera un talismán.
Y dentro de mí, una vida que apenas comenzaba, completamente vulnerable a la violencia que estaba a punto de desatarse.
—¡Al suelo! —La voz de Solano cortó el silencio como un cuchillo.
Me lancé detrás de un auto estacionado, arrastrando a Luciana conmigo. El primer disparo impactó el parabrisas del vehículo, lloviendo cristales sobre no