Mundo ficciónIniciar sesiónCarolina amplió la imagen en la pantalla.
Emma.
Mi hija.
Llevaba su pijama rosa con unicornios. El mismo que Kate Morrison me había mostrado en fotos hace meses, cuando todavía creía que podíamos resolver esto civilizadamente. Antes de que Marcos convirtiera a una niña de siete años en moneda de cambio.
Tenía los ojos abiertos.
Enormes.
Sin lágrimas.
El rostro de quien ya aprendi&oa







