Valentina se despertó a las cinco y cuarto.
No por alarma.
Por el tipo de vigilia que llegaba sola en las mañanas donde el cuerpo había dormido suficiente y el sistema estaba en el estado en que debía estar y no había razón para seguir dormida.
Sebastián dormía.
La habitación con su oscuridad de madrugada y el ruido de fondo de la ciudad que nunca era completamente silencio pero que a las cinco de la mañana tenía la textura de algo que se podía habitar sin interrupciones.
Valentina se levantó.