Mundo de ficçãoIniciar sessãoSostuve la nota de Carmen en mis manos.
Mi mano no temblaba.
Eso me sorprendió. Después de todo lo que había pasado en las últimas cuarenta y ocho horas—el parto, la fiebre de Isabella, el ultimátum, la cuenta regresiva—mis manos deberían estar temblando.
Pero no lo hacían.
Calculé mentalmente: el Banco Nacional estaba a doce minutos en tráfico normal. A esta hora de la noche, tal vez ocho.







