El espejo del hotel en Bogotá tenía el marco de madera oscura que los hoteles de ciudad elegían cuando querían que el espejo pareciera permanente en lugar de funcional.
Valentina lo miró.
No la habitación detrás de ella.
Ella.
Cuarenta años.
Las líneas alrededor de los ojos que habían llegado gradualmente, en el orden que llegan las cosas que uno no planifica pero que cuando aparecen tienen su lógica: primero las de la risa, porque la risa había llegado antes que el descanso, y después las otra