Las vacaciones fueron en julio.
Una semana en la costa de Oaxaca: el tipo de playa que no tenía nombre famoso ni infraestructura de resort sino arena de grano fino y agua que en julio tenía la temperatura exacta para estar adentro sin que el cuerpo protestara y para estar afuera sin que el sol fuera el argumento principal del día.
Emma eligió el destino.
No como decisión unilateral. Como propuesta que llegó con argumentos: distancia manejable desde Ciudad de México, acceso a comida que cumplía