Sebastián había aprendido a observar tarde.
No era un talento natural. Era un hábito construido durante años de terapia y de vivir con una persona que observaba con la precisión de quien sabe que el detalle que importa no siempre llega con señalización.
Esta mañana la observó desde la puerta de la cocina.
Valentina con el café.
La ciudad de agosto afuera.
Las niñas terminando el desayuno con el ritmo específico de las mañanas de sábado donde no había apuro pero tampoco abandono completo del sis