Mundo ficciónIniciar sesiónESPOSOS POR VENGANZA Damián Santoro juró destruir a los Arce después de que un fraude llevara a su padre al suicidio. Valentina Arce jamás imaginó que sería la pieza perfecta para cumplir esa venganza. Cuando su familia intenta obligarla a casarse por dinero, Damián le ofrece otra salida: un matrimonio por contrato, protección para su madre en coma y un año a su lado. Él quiere utilizarla para destruir a sus enemigos. Ella acepta para salvar a su madre y vengarse de la familia que la entregó. Pero todo se complica cuando Alessandra Morán Giménez, una famosa cantante pop y futura heredera de Monteiro & Asociados, regresa convencida de que Damián la estaba esperando… y descubre que se casó con la hija de su peor enemigo. Mientras el odio se convierte en deseo, antiguos documentos revelan que todos podrían haber sido víctimas de la misma mentira. Damián juró acabar con los Arce. Nunca imaginó que terminaría enamorándose de una de ellos.
Leer másCAPÍTULO 1 — La hija canjeable
El camarero apenas había servido el vino cuando Esteban Toledo tomó la mano de Valentina y depositó un beso demasiado lento sobre sus dedos. Ella retiró la mano antes de que el hombre pudiera retenerla. —No sabía que vendría. Esteban acomodó el puño de su camisa con una sonrisa satisfecha, como si ya tuviera derecho a ocupar la silla a su lado. —Esta noche es importante para todos. Valentina dirigió la atención hacia su padre. Félix Arce bajó los ojos hacia la copa, mientras Daniela Casanova fingía vigilar que Denice no manchara su vestido con la salsa. Ninguno explicó qué hacía aquel hombre en una cena que, supuestamente, habían organizado para celebrar su título de contadora. Valentina se quitó los lentes, limpió los cristales con la servilleta y volvió a colocárselos. No necesitaba ver mejor para reconocer la incomodidad de su padre. Félix llevaba toda la noche aflojándose la corbata, bebiendo sin disfrutar el vino y evitando cualquier pregunta directa. Daniela, en cambio, parecía encantada. Había elegido uno de los restaurantes más exclusivos de São Paulo, reservado un salón privado y ordenado flores blancas para decorar la mesa. Hasta había enviado un vestido a la habitación de Valentina, aunque ella lo dejó colgado y se presentó con un traje pantalón oscuro y una blusa sencilla. Daniela recorrió su ropa con desaprobación al verla llegar. No le dijo nada. Durante años había conseguido convertir una elevación de cejas en una crítica completa. —Pensé que esta cena era por mi graduación —comentó Valentina. —Y lo es —respondió Daniela—. Precisamente por eso invitamos a Esteban. Tu título marca el comienzo de una nueva etapa. Denice soltó los cubiertos sobre el plato. —Mamá dijo que ahora Valentina por fin va a ser útil para la familia. Félix levantó la cabeza. —Denice, no hables así. La niña se encogió de hombros y siguió comiendo. Con casi doce años, ya sabía repetir las palabras de Daniela con la misma expresión tranquila, como si la crueldad fuera una enseñanza más de la casa. Valentina no discutió con ella. Denice todavía era una niña, aunque esa noche su comentario encontró una herida demasiado antigua. Esteban acercó su silla un poco más. —Tu familia está muy orgullosa de vos. —No parece conocerlos demasiado. Daniela apoyó la copa con mayor fuerza de la necesaria. —Valentina, no conviertas una noche especial en una de tus escenas. Félix cerró los ojos durante un segundo. Ella lo vio. Su padre sabía lo que Daniela estaba haciendo, pero, como siempre, esperaba que el silencio resolviera lo que él no se atrevía a enfrentar. El camarero dejó una carpeta de cuero frente a Daniela y se retiró. Valentina observó el objeto mientras las conversaciones del salón principal llegaban amortiguadas detrás de las puertas cerradas. Daniela empujó la carpeta hacia ella. —Queremos hacerte una propuesta. —¿Quiénes? —Tu padre y yo. Félix no confirmó aquellas palabras. Tampoco las negó. Valentina abrió la carpeta. La primera página llevaba su nombre completo, seguido por el de Esteban Toledo. Más abajo aparecían términos patrimoniales, obligaciones y una fecha tentativa para celebrar un matrimonio civil. Leyó la primera cláusula. Después, la segunda. Al llegar a la parte donde Esteban se comprometía a invertir en los Hoteles Arce, dejó de leer. —¿Esto es una broma? —Es una solución —corrigió Daniela—. La empresa atraviesa un momento complicado y Esteban está dispuesto a ayudarnos. —A cambio de casarse conmigo. —No lo digas como si fuera algo degradante —intervino Toledo—. Puedo ofrecerte una vida que muchas mujeres desearían. Valentina lo contempló a través de los cristales. Cuarenta años, una fortuna construida mediante negocios dudosos y una insistencia que llevaba semanas disfrazando de encuentros casuales. Ahora entendía por qué aparecía en el hotel cada vez que ella salía de la oficina. No estaba cortejándola. Estaba inspeccionando lo que pensaba comprar. —No voy a firmar nada. Daniela conservó la sonrisa. —Todavía no terminaste de leer —dijo entre dientes, sin abandonar aquella expresión amable que solo buscaba guardar las apariencias. —No necesito llegar al final para saber que no voy a casarme con él. Valentina señaló a Esteban con un movimiento de cabeza, y el gesto bastó para endurecer el rostro de su madrastra. Esteban apoyó una mano sobre el respaldo de la silla de Valentina. —Podrías tomarte unos días para pensarlo. —Podría tomarme toda la vida y mi respuesta seguiría siendo la misma. La negativa salió más firme de lo habitual. —¡No! Denice observó a su hermana con la curiosidad de quien presencia algo que todavía no comprende por completo. —Es un buen partido para lo que sos. El silencio fue absoluto sobre la mesa. Félix dejó la copa y dirigió los ojos hacia Denice, pero no la reprendió. Daniela tampoco corrigió a su hija. Valentina cerró la carpeta despacio. La frase de Denice no tenía la intención consciente de una adulta, pero llevaba la voz de su madre y años enteros de desprecio. Valentina se puso de pie y tomó el contrato entre ambas manos. Daniela se incorporó de inmediato e intentó arrebatarle los documentos. —No hagas una estupidez. Valentina rompió las hojas por la mitad. El sonido del papel rasgado atravesó el salón privado. Luego volvió a romperlas, dejando caer los pedazos sobre el plato vacío de Esteban. —Busquen otra forma de salvar sus hoteles. Toledo se levantó y le cerró el paso. —No deberías responder de esa manera antes de comprender todo lo que está en juego. —Lo comprendo perfectamente. Mi familia necesita dinero y usted cree que puede comprarme. Él le sujetó la muñeca con firmeza, aunque sin lastimarla todavía. —No seas infantil. Valentina intentó soltarse, pero Toledo apretó más. Esta vez, el dolor le recorrió la mano. —Suélteme. —Después de casarnos, vas a tener que aprender a controlar ese carácter. La bofetada que Valentina le dio le hizo girar el rostro. Daniela exhaló con indignación, aunque no se movió para defenderla. Félix permaneció inmóvil en la cabecera. Esteban volvió la cara hacia ella lentamente. La marca de los dedos de Valentina comenzaba a formarse sobre su mejilla. —Vas a arrepentirte de esto. —Esteban —murmuró Félix, demasiado tarde y sin levantarse—. Basta. Toledo soltó una risa nerviosa. Por un instante, Valentina alcanzó a ver en sus ojos que había estado a punto de devolverle el golpe. —Decidí si querés conservar tu empresa, Félix. Mi oferta no va a permanecer abierta para siempre. Valentina enfrentó a su padre. Esperó que se pusiera de pie y echara a Toledo. Que dijera que ningún hotel valía más que su hija. Félix solo se pasó una mano por la frente. Daniela recogió uno a uno los papeles rotos como si cada pedazo representara una parte de la fortuna que acababan de perder. —Tu madre necesita cuidados muy costosos. Valentina quedó inmóvil. La mención de Lorena cambió el aire del salón. Durante unos segundos, no supo si acercarse a su padre, exigir una explicación o correr hacia la clínica. Después reaccionó. —No la uses para amenazarme. —Nadie la está usando. Estamos hablando de la realidad. Los tratamientos, el equipo médico, las enfermeras… todo se paga con dinero de la empresa. —Papá prometió mantenerla con vida. Daniela dirigió la atención hacia Félix. —Las promesas también dependen de los recursos disponibles. ¿No es así? Valentina rodeó la mesa y se plantó delante de su padre. —Decime que no vas a desconectarla. Félix levantó la vista. Había culpa en sus ojos, pero no el valor que ella necesitaba encontrar. —Aceptá estudiar la propuesta. —Te pregunté por mamá. —Valentina, no hagas esto más difícil. —¿Vas a quitarle los cuidados si no me caso con Toledo? Félix apretó los puños. Valentina no apartó los ojos de su rostro. —No me dejes sin opciones. Aquella respuesta terminó de romper lo poco que Daniela no había conseguido destruir durante años. Su padre acababa de perder el último resto de respeto que ella todavía le guardaba. Valentina se dio media vuelta, tomó su bolso y caminó hacia la salida. Esteban intentó detenerla de nuevo, pero ella levantó una mano antes de que pudiera tocarla. —Acérquese otra vez y no va a salir de este restaurante solamente con una marca en la cara. Salió del salón privado sin disminuir el paso. La rabia endurecía cada movimiento, pero el miedo por Lorena ya había comenzado a imponerse sobre todo lo demás. Al atravesar el sector de la barra, se cruzó con un hombre sumamente apuesto, vestido con un traje negro y una expresión imposible de descifrar. Estaba apoyado cerca del extremo del mostrador, como si hubiera permanecido allí el tiempo suficiente para escuchar más de lo que debía. Damián Santoro había escuchado lo necesario. Valentina pasó cerca de él sin reconocerlo. Sacó el teléfono y llamó a Vivian mientras avanzaba hacia la salida del restaurante. —Vení a buscarme —pidió cuando su amiga contestó—. Mi padre acaba de querer venderme. No sabés con qué me amenazó. —¿Con qué? —preguntó Vivian al otro lado de la línea. Valentina empujó la puerta de salida. —Quiere quitarle los cuidados a mamá. No sé qué hacer. Damián dejó la copa sobre la barra y la siguió con la mirada. Había llegado para contemplar la caída de Félix Arce. Terminó encontrando la pieza que necesitaba para destruirlo.CAPÍTULO 5 — El padre que no estuvoEl automóvil de Damián desapareció al final del camino, pero Félix continuó frente a la puerta abierta.Esperó unos segundos, convencido de que Valentina regresaría con la maleta y le diría que todo había sido producto del enojo. Entonces podrían sentarse, hablar sin gritos y encontrar una solución que no incluyera a Damián Santoro.Pero el vehículo no regresó.Félix cerró la puerta despacio.—Podríamos haber hablado.Daniela permanecía detrás de él.—Ella no quiso escucharte. Llegó dispuesta a herirte y se marchó con el hombre que mejor podía hacerlo.Félix no respondió.Valentina había discutido con él muchas veces. También había pasado noches enteras en la clínica acompañando a Lorena, pero siempre regresaba.Aquella noche se llevó sus documentos.Subió las escaleras y abrió la puerta de su dormitorio. La cama estaba tendida, los libros seguían ordenados y el armario había quedado abierto. Algunos cajones vacíos confirmaban que su hija no había s
CAPÍTULO 4 — Lo que dejó atrásDamián estacionó frente a la residencia Arce y apagó el motor.Valentina respiró hondo antes de salir. Estaba más tranquila después de ver a su madre.Se había sentado junto a su cama, le había tomado la mano y había permanecido hablándole durante varios minutos. No le contó que su padre pretendía entregarla a Esteban Toledo para salvar el hotel ni que había aceptado casarse con Damián Santoro.No pudo pronunciarlo frente a ella. Su madre no necesitaba escuchar cosas tristes. Cada vez que la visitaba, le contaba pequeñas mentiras: que era feliz, que todo estaba bien y que su padre era el mejor. Nunca lloraba delante de ella. Para Lorena, Valentina seguía siendo una hija feliz.Ahora debía entrar en la casa donde había crecido y decidir qué parte de su vida merecía acompañarla.—No tiene que venir conmigo —dijo.Damián apoyó una mano sobre el volante.—No pensaba entrar. La esperaré aquí, pero no se demore.La indiferencia de la respuesta le molestó, aunq
CAPÍTULO 3 — El precio de mantenerla con vidaEl automóvil se detuvo frente a la clínica poco antes de la medianoche, y Valentina bajó antes de que el chofer alcanzara a abrirle la puerta.Atravesó la recepción con el bolso sujeto contra el cuerpo y el teléfono todavía en la mano. Ya le había avisado a Vivian que fuera directamente a la clínica. Damián caminó detrás de ella sin intentar detenerla, aunque la alcanzó antes de que llegara a los ascensores.—Lorena Arce, habitación trescientos doce —dijo Valentina ante el mostrador—. Necesito hablar con el médico de guardia y con la administración.La recepcionista buscó el nombre en la computadora y luego desvió los ojos hacia Damián, quizá porque reconoció al dueño de los Hoteles Santoro o porque su presencia imponía una atención que Valentina no estaba dispuesta a concederle en ese momento.—La señora Arce continúa estable —informó—. La enfermera Clara dejó una observación sobre una posible solicitud de traslado, pero todavía no ingres
CAPÍTULO 2 — La propuesta del enemigoValentina cruzó las puertas del restaurante sin esperar a que Vivian respondiera por segunda vez.El aire frío de la noche le golpeó el rostro mientras avanzaba hacia la vereda, con el teléfono apretado entre los dedos y el bolso balanceándose contra su cadera. No se detuvo hasta llegar junto a la marquesina del edificio contiguo, lejos de las ventanas desde donde Daniela todavía podía observarla.—Estoy saliendo de casa —dijo Vivian—. Dame veinte minutos. No regreses sola. Esperame ahí.Valentina cerró los ojos un instante.—Gracias por ayudarme. Sos lo único que tengo.La frase le salió firme, aunque tuvo que apretar los labios para que la voz no la traicionara.—Vale, escuchame. Llamá a la doctora y averiguá si alguien puede tomar una decisión sin tu autorización.Valentina buscó el número de la clínica, pero una voz masculina la detuvo antes de que pudiera llamar.—Su padre puede hacerlo.Ella se volvió.El hombre de traje negro que había vist
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