Tres minutos después de que Marcos colgara, las luces de la casa en Rosarito se apagaron de golpe.
Sebastián lo vio desde su posición en el acantilado, a cuatrocientos metros de distancia. La casa pasó de estar iluminada como un faro a convertirse en una silueta negra contra el océano Pacífico.
Su teléfono vibró. Mensaje de texto. Solo dos palabras.
"Se mueven."
Envió la confirmación a Valentina y encendió el motor de su auto. Sin faros. Solo la luz de la luna reflejada en el mar.
Movimiento en