El día de la boda llegó tan rápido como caen las hojas del otoño.
Joel estaba convencido que lo ocurrido en su fiesta de compromiso había quedado atrás, y que nunca mas Sofía estaría frente a él, estaba muy equivocado.
El espejo del vestidor devolvía una imagen que destilaba una frialdad majestuosa. Sobre la otomana de terciopelo descansaba el vestido que Gerard había seleccionado para esa mañana: una pieza de seda líquida en un tono azul medianoche, tan oscuro que rozaba el negro, diseña