—¿Vergüenza? ¿Desde cuándo te da vergüenza decir algo que piensas? —Leo la observó, genuinamente desconcertado.
En el tiempo que llevaba conociéndola, ella nunca se había callado ante nada. Había sido una fiera defendiéndose de las acusaciones de robo de los 5 millones de euros, de las intrigas de Ektor y de la frialdad de su madre. Esa honestidad brutal era lo que más le gustaba de ella. Siempre decía lo que pensaba, sin filtros, enfrentando las consecuencias con la cabeza alta.
—Me has llevad