Un mes después, Isabella caminaba derecho a la limusina conducida por Alex Clark, el cual, al verla con el vestido de boda, sonrió feliz.
—¿Me permite decirle algo? —le cuestionó mientras abría la puerta.
Ashareen y su hermana, Allegra, iban detrás recogiendo el tul del vestido y el velo. Isabella se sentía como en un cuento de hadas, aunque la realidad de su corazón fuese otra distinta. Se había enamorado perdidamente de Leo Peterson. Y lo peor es que él no se lo imaginaba. Si se daba cuenta,