Leo Peterson caminó junto a ella, sintiendo su calor a pesar de la distancia mínima que los separaba. Su presencia lo reconfortaba, incluso cuando su propio corazón palpitaba con una furia sorda y sus manos estaban tan frías como témpanos de hielo. Por primera vez en su vida, iba a ver al hombre que estuvo con Isabella antes que él. Leo nunca había sido un hombre que se sintiera inferior a nadie; su linaje, su fortuna y su intelecto siempre lo habían colocado en la cima de la cadena alimenticia