—Gracias por venir —le dijo Isabella con un nudo en la garganta.
—No podía quedarme sin saber que estabas bien. No podía seguir en casa tranquila, como si mi hija no estuviese entre la vida y la muerte.
—Estoy bien, solo fue anemia —explicó para quitarle peso al dolor de su madre. Sabía que para Lydia debía ser difícil buscar el perdón de alguien a quien lastimó tanto.
—Pudo haber sido otra cosa —rebatió Lydia molesta—. Pudo haber sido algo más grave. Pude haberme enterado cuando ya fuera tarde