—Estaba muy preocupada y triste —continuó Leo, acomodándose en el borde de la cama mientras sostenía la mano de Isabella con una delicadeza extrema—. Llegó incluso antes que tu padre y que Ashareen. Estaba destrozada, Isabella... te lo confieso, me partió el alma verla así. Me recordó a ti; lloran de la misma manera, con un sentimiento que parece desgarrarles el pecho.
—No estoy segura de que ella tenga sentimientos, al menos no conmigo —replicó Isabella en un tono mordaz, aunque el brillo de s