La besó con un deseo absoluto, acariciando sus labios y jugando con su boca. Ella fue receptiva, separando los labios para que él pudiera invadir su espacio con la lengua. El beso se volvió profundo, húmedo, una promesa de lo que vendría. Eso lo volvió loco y desató algo en él que no había sentido en años.
La levantó en vilo sin romper el contacto de sus labios, la condujo hacia su habitación principal y la depositó con una lentitud casi religiosa sobre la cama. A pesar del fuego que lo consumí