Katerina comenzó a tartamudear mientras miraba a Ektor. Él estaba callado, con la cabeza gacha, estudiando sus propios zapatos.
—Ektor… ¿qué está diciendo este hombre? —susurró Katerina.
Isabella sentía que el corazón se le partía al ver a su hermana en esa posición, pero una parte de ella sabía que se lo tenía merecido por no haberle dado ni un gramo de confianza tras veintidós años de ser uña y mugre. Su padre, Charles, miraba la situación sin opinar, pero Isabella notó que respiraba con difi