Lo primero fue cambiarse la blusa manchada de café… y ahora también de vómito.
Isabella se miró al espejo del baño con gesto cansado. Tenía el rostro pálido, los labios secos y los ojos ligeramente hundidos. Se lavó la cara con agua fría, respiró hondo varias veces y evitó mirarse demasiado tiempo. No quería ver reflejada a la mujer que sentía que se estaba rompiendo por dentro.
Una hora después, con su celular casi obsoleto en la mano, un bolso tejido que su madre le había hecho años atrás y u