Cuando Maggie terminó aquella empalagosa llamada, Silvina ya no pudo contenerse más.
—¿Tu esposo se llama Ramiro Torres? —preguntó directamente.
Maggie se quedó atónita y respondió sin pensar:
—¿Cómo sabes el nombre de mi marido?
Silvina cerró los ojos con fuerza.
¡Tanto buscarlo sin resultado, y ahora lo tenía justo delante sin haber hecho nada!
¡Así que esta mujer... era la amante que su padre mantenía afuera!
Ya no pudo quedarse sentada. Dejó caer la revista que tenía en la mano, agarró su b