Silvina se quedó sin palabras.
¿Acaso Jenny había perdido la cabeza?
Tania, sin apartar los ojos de Evelio, preguntó con voz baja pero segura:
—Tu acuerdo con Jenny… ¿fue un contrato de vientre subrogado?
Evelio sonrió, complacido.
—Señorita Tania, es usted muy perspicaz.
Silvina se llevó una mano al vientre, sobresaltada.
Ella también había estado… ¿en una situación parecida?
Tania le lanzó una mirada rápida y dijo con firmeza:
—No pienses tonterías. Jenny no es como tú. Lo de ella fue una