Silvina se quedó sin palabras.
¿Acaso Jenny había perdido la cabeza?
Tania, sin apartar los ojos de Evelio, preguntó con voz baja pero segura:
—Tu acuerdo con Jenny… ¿fue un contrato de vientre subrogado?
Evelio sonrió, complacido.
—Señorita Tania, es usted muy perspicaz.
Silvina se llevó una mano al vientre, sobresaltada.
Ella también había estado… ¿en una situación parecida?
Tania le lanzó una mirada rápida y dijo con firmeza:
—No pienses tonterías. Jenny no es como tú. Lo de ella fue una fecundación in vitro. Y si no me equivoco, Jenny manipuló el procedimiento para implantarse el embrión ella misma. Evelio no tuvo elección: tuvo que casarse con ella.
Evelio asintió, confirmando la deducción.
El rostro de Jenny se tornó completamente blanco.
Evelio habló con voz serena, pero cada palabra pesaba como plomo:
—Así fue. Busqué una madre subrogada, pero Jenny se infiltró en el proceso, reemplazó a la candidata y se implantó el embrión en secreto. Cuando me enteré, ya era tarde. Y,