Leonel estaba recostado con pereza en un taburete alto, girando con suavidad la copa entre sus dedos. Observaba complacido el líquido rojo intenso que se deslizaba dentro del cristal.
Era uno de los vinos de reserva que su asistente siempre llevaba consigo, procedente de una exclusiva bodega italiana.
Con un valor de 100,000 dólares por botella, era un lujo casi imposible de conseguir.
La producción anual no superaba las mil botellas, y cada una que se bebía era una menos en el mundo.
Solo algu