—Oye, Silvina, ¿has oído los rumores sobre Liliana? —preguntó Tania, apenas se sentó.
Desde que había dejado la empresa, Tania tenía demasiado tiempo libre.
Ambas iban al set solo cuando querían, y la verdad, ya no les interesaba demasiado.
Después de todo, su principal motivo para ir era vigilar a Liliana.
Ahora que ella ya no filmaba, tampoco tenían razones para aparecer por allí.
Silvina lo sabía: si Tania la visitaba, era porque traía chismes frescos.
Al fin y al cabo, ambas tenían una relación de sentimientos encontrados hacia Liliana.
—¿Qué pasó ahora? —preguntó Silvina, siguiéndole el juego.
Tania se inclinó hacia ella con gesto conspirativo.
—Dicen que Alberto, aprovechando un descuido, llevó a Liliana a su mansión.
Cuando intentó forzarla, ¡descubrió que Liliana tenía barba! —contó en voz baja, llena de emoción.
Silvina se quedó sin palabras, los ojos como platos.
—¿Estás bromeando, verdad?
—¡Yo también lo pensé! —Tania rió, alzando las manos—.
Dicen que Lilian