La noche en Madrid tenía un pulso propio. Las luces de neón destellaban con ritmo irregular, y el murmullo constante del tráfico se mezclaba con el sonido vibrante de la música proveniente de los clubes más exclusivos de la ciudad.
Uno de ellos, Le Mirage, era el refugio elegido por los poderosos y los que deseaban sentirse cerca de ellos, aunque fuera por una copa o una mirada.
En una de las mesas del área VIP, Axel Fort observaba el movimiento de la pista con esa calma impenetrable que lo car