Axel regresó al hotel con pasos largos, tensos, como si cada músculo de su cuerpo cargara el peso de algo que aún no quería admitir. La conversación con Andrea seguía martillándole la cabeza, una y otra vez, como un eco que no sabía cómo silenciar. Había sido duro, incluso más frío de lo habitual, pero necesario. Muy necesario.
Cuando entró a la suite, lo primero que notó fue el silencio. Un silencio distinto.
Catalina no estaba.
Axel frunció el ceño. Catalina no había mencionado ningún plan concreto, solo que “vería qué hacer”. Caminó lentamente por la habitación, observando su abrigo sobre la silla, la taza de chocolate vacío aún sobre la mesa… señales de que había salido hace poco. Aun así, una punzada incómoda atravesó su pecho.
No debería importarle. No debería…
Pero le importaba.
Se acercó al ventanal enorme, el mismo lugar donde la había visto la noche anterior, absorta en la vista nocturna de Londres, abrazándose a sí misma mientras sus ojos parecían perderse entre luces y rec