Axel regresó al hotel con pasos largos, tensos, como si cada músculo de su cuerpo cargara el peso de algo que aún no quería admitir. La conversación con Andrea seguía martillándole la cabeza, una y otra vez, como un eco que no sabía cómo silenciar. Había sido duro, incluso más frío de lo habitual, pero necesario. Muy necesario.
Cuando entró a la suite, lo primero que notó fue el silencio. Un silencio distinto.
Catalina no estaba.
Axel frunció el ceño. Catalina no había mencionado ningún plan co