Catalina aún sostenía la taza de chocolate caliente cuando Axel se acercó. El día en Londres estaba frío, húmedo, pero luminoso, y la vitrina de la pequeña cafetería reflejaba la calle antigua, llena de transeúntes que caminaban apurados. Ella ni siquiera notó a Axel al principio; estaba concentrada observando el vaho salir de la taza, como si pudiera guardar un poco de calor entre los dedos.
Axel se detuvo detrás de ella, sin interrumpirla. La había seguido desde que salió de la tienda donde