La mañana en Madrid avanzaba tenía un tono inusualmente sereno. El sol, filtrado entre los ventanales de cristal de Fort Enterprises, dibujaba destellos sobre la mesa de Axel Fort. La ciudad, al fondo, se extendía bajo un cielo azul limpio, pero nada en su interior reflejaba esa calma.
El despacho olía a cuero y café recién molido. Todo estaba en su lugar, perfectamente alineado: los documentos, los relojes, la pluma Montblanc junto al expediente del contrato.
Axel se mantenía de pie, observand