ERES MI ESPOSA.
Axel Fort estaba de pie frente al ventanal de su oficina, con Madrid extendiéndose ante él como un tablero de ajedrez perfectamente ordenado… y, aun así, sentía que algo escapaba por completo a su control.
Las luces de la ciudad comenzaban a encenderse una a una, pero su mente estaba muy lejos de aquel paisaje impecable.
—¿Dónde está? —preguntó sin girarse.
Detrás de él, dos hombres aguardaban tensos.
—Señor Fort, hemos rastreado su tarjeta universitaria, pero…
Axel apretó la mandíbula.
—