Andrea estaba enfurecida, sabía que había perdido terreno, pero no iba a darse por vencida, Axel debía de caer en sus brazos y a ella no le importa que tenga que hacer para lograrlo.
La fría mañana londinense le rozaba la piel, pero ella no sentía el clima: estaba demasiado consumida por la mezcla de humillación, ira y desesperación que hervía dentro de su pecho.
Axel la había rechazado.
Axel había pronunciado aquellas palabras como si le arrancara el corazón y las tirara al suelo.
Y lo peor, l