Catalina intentó avanzar entre la multitud que la rodeaba, pero cada paso que daba parecía hundirla más en un pantano del que no podía salir. Los murmullos se convertían en cuchillos, los cuchillos en risas crueles. La Universidad, su último refugio emocional, ahora era un campo de batalla que la señalaba como si hubiera cometido un crimen imperdonable.
—¿Por qué… por qué esto? —susurró, aunque sabía perfectamente que nadie le respondería.
Intentó girarse para marcharse, pero el pasillo estab