El motor del vehículo negro rugía suavemente, desplazándose por las avenidas doradas de Madrid mientras el sol de la mañana caía con un resplandor cálido sobre los edificios. Dentro, el ambiente era distinto: pesado, cargado de un silencio que hablaba más que cualquier palabra.
Catalina permanecía sentada en el asiento trasero, la mirada perdida en el reflejo que proyectaba la ventanilla. Llevaba puesto el vestido que Axel había elegido para ella: un diseño marfil, sencillo pero de una eleganci