La habitación estaba en silencio.
Catalina tenía los ojos fijos en el monitor, pero no lo veía realmente. Sus pensamientos estaban lejos, suspendidos en ese espacio incierto entre el miedo y la esperanza.
Sus ojos estaban tristes.
Ya no lloraba como el día anterior, pero la huella de las lágrimas seguía allí. Había algo frágil en su expresión, algo que no mostraba ante nadie más.
Sostenía la mano de Axel con cuidado, como si temiera que incluso el más mínimo movimiento pudiera romper el equilib