El vehículo avanzaba sin prisa, envuelto en el ruido distante del tráfico y el murmullo de la ciudad. El reloj del tablero marcaba las 9:30 de la mañana. Faltaba menos de 30 minutos para que llegaran al Registro Civil, pero para Catalina, el tiempo se sentía suspendido, como si cada minuto pesara más que el anterior.
El silencio dentro del coche era casi insoportable. Axel iba con la mirada fija en el paisaje urbano, una mano descansando sobre su rodilla, la otra jugueteando distraídamente con