Catalina suspiró profundamente, como si su cuerpo se estuviera despejando de un peso invisible, un peso que había cargado por tanto tiempo que ya no sabía si podría dejarlo atrás. Pero se sentía privada de muchas cosas.
Había algo en el aire esa tarde, algo en el susurro del viento que no lograba calmar su ansiedad. El sol se desvanecía lentamente detrás de los árboles del jardín que quedaba al fondo de la Universidad, y Catalina avanzaba con pasos lentos, casi pesados, como si cada uno de ello