El mundo estalló en un rugido de metal y gritos. Durante un instante, Dante solo sintió el aire cortándole la piel, la violencia de la caída y el impacto seco de su cuerpo golpeando el suelo. Luego vino el silencio. Un silencio espeso, como si alguien hubiera sumergido todo en agua.
Estaba en el suelo, boca arriba, el cielo girando sobre él como una espiral borrosa. Tosió, sintiendo el sabor a sangre en la boca. Se llevó la mano a las costillas. Dolían, todo dolía, pero estaba vivo. Lo supo por