El vehículo se detuvo con suavidad. Vittorio se bajó de un salto, dejando la puerta abierta tras de sí. Caminó rápido hacia la figura tambaleante, y a medida que se acercaba, la oscuridad se disipó lo suficiente para revelar el rostro de Dante.
Los ojos de Vittorio se abrieron con incredulidad. Dante estaba en un estado deplorable, la ropa ensangrentada, el rostro cubierto de una herida en la ceja. Su respiración era pesada, pero sus ojos seguían encendidos de furia. Solo una cosa llegó como rá