Aurora sonrió, se giró y caminó hacia la biblioteca, en donde Dante esperaba por ella.
La biblioteca estaba en penumbra, iluminada apenas por la lámpara, Dante había entrado primero, con paso lento, casi pesado, como si cada palabra que iba a decirle a Aurora le costara parte del alma. Ella lo siguió, cerrando la puerta tras de sí con suavidad.
Por unos segundos, solo hubo silencio. Aurora se detuvo frente a uno de los estantes y pasó los dedos por los lomos polvorientos de los libros, como bus