Antonio acomodaba su corbata, y miraba de nuevo su reloj, era la quinta vez que lo miraba en menos de quince minutos.
—Es mejor que se tranquilice señor, ella vendrá pronto —dijo uno de los hombres de Antonio susurrando a su oído.
—¡Quiero que vayas y la busques hasta debajo de las piedras si es necesario! —exclamó Antonio, sin dejar de sonreír.
Debía mostrar tranquilidad, seguridad y más delante de los miembros del clan, quienes empezaban murmurar por la tardanza de la novia.
—Señor, me acaban