Antonio sintió como alma ardía la ver como Dante no soltaba la manos de Aurora
—¡Es mejor que la sueltes! —dijo una vez más Antonio tratando de persuadir a Dante.
—Como te dije hace unos minutos, lamentablemente no puedo soltarla, los dos acabamos de casarnos, lo malo es que creo nos equivocamos de catedral, eso si es verdaderamente malo, ¿No lo crees primito? —vociferó Dante.
Él lo estaba disfrutando, vaya que si. Antonio dejó a un lado su porte dió varios pasos hasta estar lo suficientement