Aurora temblaba aún cuando la noche estaba más oscura que nunca. El sonido del viento silbando en las ventanas y el murmullo lejano de la tormenta parecían menos aterradores que el cuerpo inerte de Dante frente a ella.
Ella solo podía repetir esa imagen, sus ojos endemoniados mientras que él la ultrajaba de la peor manera.
No se atrevía a moverse, pero su instinto la obligó a reaccionar. Con un nudo en la garganta y los ojos todavía empañados por el miedo, se arrodilló junto a él y alargó l